En los cultivos de flores de la Sabana de Bogotá, las violaciones a las normas más elementales son el pan de cada día y frente a tales atropellos el gobierno se muestra completamente impasible, al tiempo que las autoridades de policía acuden presurosas en auxilio de los timadores so pretexto de salvaguardar la intocable propiedad privada. Hechos como el de Las Indias le enseñan al obrerismo en carne propia cuál es el papel del Estado en la sociedad capitalista. Aprenden en la práctica que lo que llaman Ministerio del Trabajo no es más que un aparato burocrático al servicio de los empresarios. Entienden, además, que en esta sociedad sus derechos son letra muerta y que hacerlos valer les termina costando enormes sacrificios.
En tamal 31 de marzo de 2.012
De Sousa Santos ha planteado en varios de sus textos la necesidad de combinar dos tipos de acciones en la lucha social: las de la urgencia y las del imprescindible cambio civilizatorio. Por eso, él no ve contradicciones entre ambas, sino complementariedades: “Los movimientos sociales deben aprovechar las luchas urgentes para hacer pedagogía del cambio civilizatorio, conectar los problemas urgentes del hoy como síntomas de un problema mayor… no hay contradicción”.
Pero en el terreno, las cosas parecen más complicadas. Especialmente, cuando las luchas sociales logran llegar al poder y tratan de conquistar la autodeterminación de los pueblos, esa que quedó “aplazada, aplastada por la independencia de las metrópolis coloniales”. Boaventura de Sousa Santos, que lleva años trabajando con los movimientos indígenas bolivianos pero que es amigo personal de algunos de los actuales gobernantes en La Paz, advierte de cómo “el extractivismo está boicoteando la Constitución Plurinacional de 2009”. “Con el conflicto del TIPNIS se ha podido constatar este boicot, esta desconstitucionalización del proceso boliviano”. La amenaza del extractivismo, que no es otra que la del ultracapitalismo, es también evidente en Ecuador y en otras latitudes del hemisferio, todo ello aliñado por la actitud “subimperialista de Brasil”.
Boaventura de Sousa Santos participó el pasado fin de semana en elII Seminario de Educación Crítica para la Cooperación Internacional organizado por la organización IEPALA en Madrid (España). Allá alertó sobre las 7 amenazas convergentes del planeta y propuso un cambio de paradigmas que centre la acción solidaria en el apoyo a los procesos de autodeterminación huyendo de conceptos coloniales, capitalistas y nocivos, como el de “desarrollo”.
La situación es delicada, pero De Sousa Santos critica con dureza a los “intelectuales” de izquierda que han abandonado esos procesos de forma rápida, criticando con dureza a los líderes y lideresas de los mismos. El pensador postcolonial portugués detecta una especie de ‘síndrome cubano’. “Muchos pensadores le dimos la espalda a los problemas, a las cosas que iban mal en el proceso cubano y cuando reaccionamos ya era tarde”. Quizá por eso hay ahora una precocidad en las críticas que no es buena, según De Sousa Santos. “Hay que mantener una distancia crítica, pero solidaria” y eso iría en contra de los intelectuales que “se consideran demasiado ‘puros’ y que se salen demasiado rápido de estos procesos”.
Unos procesos amenazados, además por una contrainsurgencia que no quiere permitir la autodeterminación (un concepto muy diferente al de “desarrollo”, que “después del concepto de ‘salvaje’ es el que más gente ha puesto fuera de la historia”). El autor de Epistemología del Sur cree que la “contrainsurgencia estadounidense y la oligarquía latinoamericana están apostando a la democracia de baja intensidad y a lo que ellos llaman ‘desarrollo local’ a través de USAID”. Sólo en caso de fallarles esta estrategia -“la de la derecha mínimamente democrática, con candidatos como Capriles en Venezuela”-volverán a la del “golpe de Estado”.













