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A veces en sus discursos, cuando estaba hablando ante una manifestación, como siempre ocurría al final de las marchas, también se quedaba solo, veía que su auditorio se dispersaba despavorido de un momento a otro.
Entonces miraba a sus espaldas y veía un escuadrón del ejército que se acercaba. Nunca le hacían nada y si lo detenían, le devolvían de inmediato la libertad, como avergonzados ante su evidente inocencia y dignidad.
Así escribe Héctor Abad Faciolince recordando a su padre Héctor Abad Gómez, quien fue asesinado junto a su amigo y discípulo, el también médico Leonardo Betancourt, el 25 de agosto de 1987.
En tamal 30 de abril de 2.012















