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Una cuestión sintomática es el hecho que el Departamento de Cooperativas depende del Ministerio de Economía. La economía para la clase dirigente se expresa en el conjunto de mecanismos que les permiten acumular riqueza y sofocar amenazas que podrían poner en riesgo este ciclo. Las cooperativas, no responden a este esquema, pues el trabajo de sus miembros se orienta a su subsistencia, no a la acumulación.
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La minga y el trueque son prácticas mucho más viejas pero mejor conservadas que los mecanismos del alharaquiento capitalismo 'mundial'. En efecto cuando éste deja ver sus falencias, cuando se juega a la aniquilación del hombre en beneficio de inhumanos especuladores, pervive el espíritu comunitario de raíz popular con su herencia ancestral de valores precolombinos, africanos, mestizos -bien representados en Macondo a partir de su fundación por José Arcadio Buendía y otros expedicionarios-, y campesinos antiseñoriales. La ambición forzada por los acumuladores sede el paso a formas tradicionales de organización social y con estas vuelve a la humanidad la esperanza de una convivencia digna.
De una forma u otra el imperialismo y sus sanguijuelas no cejan nunca en su empeño de vivir desproporcionadamente a costa de lo que le roban a muchos -aunque el robo sea legal y parezca legítimo- . Es por eso que esfuerzos cívicos como en Ecuador y Bogotá, comunitarios como en Bolivia, populares como en Venezuela, nacionales como en Brasil, Argentina y Uruguay, insurgentes como en Cuba o mixtos como en Nicaragua deben consolidarse desde el Estado cuando alcanzan este poder. Sin vacilación, ingenuidad ni otras torpezas para evitar el éxito reaccionario de antípodas tal y como ha sucedido en Chile, Honduras y Paraguay, por ejemplo. En este sentido es clave la politización del pueblo a tal punto que los manipuladores no encuentren lavaperros para ejecutar sus fechorías.
Por buen camino vamos latinoamericanos y caribeños. Debe recrudecerse la lucha por las liberaciones nacionales, la integración solidaria en la Patria grande de nuestra América y el forjamiento del socialismo comunitario con una relación armónica tanto entre los hombres como hacia la naturaleza. Aunque esto implique cambiar malas costumbres anquilosadas transgeneracionalmente en el occidentalismo eurocéntrico y anglosajón o en cualquier otra forma de imperialismo.
El asunto es que la liberación del esclavismo debe ser total y definitiva, indisolublemente vinculada a cambios en el hombre, no solo por cuestión de supervivencia de la especie -y de muchas especies que dependen de la nuestra- sino por evolución de la condición humana. Esta es la utopía. La lucha continúa para volverla materializable de camino a su realización. Los resultados están siendo más evidentes cada vez.
mAuriciO
En tamal 8 de mayo de 2.013