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Aparentemente nada escapa a la economía oficial ni a su efectiva geopolítica de la globalización.
Excepto la vida misma de los pueblos de tradicional raíz popular. Su herencia, la experiencia íntima de valores inquebrantables que se preservan generación tras generación incluso independientemente de la voluntad de sus actores. Si esto hace parte de la esencia humana -tal y como seguramente lo es- con razón lo bueno prevalece aunque en apariencia no se imponga.
Esta es la frustración insalvable del imperialismo: que parece controlarlo todo menos el alma y la cotidianidad especialmente de los marginados, de los excluidos, de los renegados. Peor aún, su gran terror -el del imperialismo con sus ingenuos apostadores- es que entre más omnímodo luce más inseguro se siente.
Esta es la frustración insalvable del imperialismo: que parece controlarlo todo menos el alma y la cotidianidad especialmente de los marginados, de los excluidos, de los renegados. Peor aún, su gran terror -el del imperialismo con sus ingenuos apostadores- es que entre más omnímodo luce más inseguro se siente.
mAuriciO
En tamal 12 de mayo de 2.013
