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Suficiente impacto me produjo la
muerte estúpidamente trágica de Sarah Guyard-Guillo, funambulista del Circo del Sol, ¡todo por no tener una red de seguridad bajo su humanidad cuando se encontraba a 15 metros de altura!
De otra parte aun ronda en el aire el terrible final de Ayrton Senna y Roland Ratzenberger en un mismo fin de semana (Imola, Italia - 1.994), así mismo la impresionante muerte de Gilles Villenueve, tan solo como ejemplos de accidentes fatales en más de 30 casos durante la existencia de la máxima categoría del automovilismo.
A casi 20 años de la tragedia de Senna, en pleno siglo XXI, en la cúspide -por ahora- de la era tecnológica y cuando la Fórmula Uno presume de grandes avances para la protección de los pilotos, resulta que el domingo anterior estuvo a punto de suceder otra tragedia en más de una ocasión. De hecho, solo para citar un impresionante caso, restos de una llanta del bólido del francés Jean-Eric Vergne, despedidos a más de doscientos kilómetros por hora golpearon el casco y la visera de Kimi Räikkönen quien iba conduciendo justo detrás en el momento del incidente. Fue cuestión de suerte que uno de esos restos no golpeara en parte sensible al piloto finlandés con las previsibles consecuencias.
Pirelli, el único fabricante de llantas para este año en la Fórmula Uno, se lava las manos y culpa por parejo a la organización, los equipos y ¡hasta al circuito de Silverstone! -esto último es ridículo- .
Si bien existe una responsabilidad compartida entre Bernie Ecclestone (el zar de la F1), el paddock (los equipos de competición) y la propia Pirelli, son los italianos (Pirelli) quienes no han debido ceder a las presiones de rendimiento que se estaban exigiendo para sus neumáticos, a costa de la inseguridad de estos. Si necesitan condiciones extraordinarias para el desarrollo y uso de las llantas pues adviértanlo y verifiquen su cumplimiento.
Lo cierto es que en el afán de producir espectáculo para el público, el mejor circo del mundo (Cirque du soleil) y la gran carpa o el gran circo como se le llama a la Fórmula Uno -dos corporaciones de las más afamadas en el mundo contemporáneo, europeas ambas- , cometen errores imperdonables con la vida de los artistas o deportistas o, como quiera que se les llame, en contra de la seguridad de los protagonistas de estas riesgosísimas disciplinas.
Cuando las ventas son más importantes que la integridad de quienes protagonizan el espectáculo...
mAuriciO
En tamal 3 de julio de 2.013