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Por el derecho a la vida
¡Ni una ROSA más!
Carta al Estado y a la sociedad colombiana y al mundo – junio 4 de 2012
Desde que éramos niños y niñas oíamos hablar de historias espeluznantes, de cuerpos heridos, desmembrados, abusados y dejados a la cuenta del más absoluto olvido. Las imágenes pasaban por nuestra cabeza alimentando nuestros sueños más terroríficos, las sombras que nos perseguían, las voces, los gritos. Pero se fueron haciendo tan frecuentes que aprendimos a convivir con ellas, con imágenes y con cuerpos desfigurados por la acción humana.
Esta vez algo fue distinto para algunos de nosotros y nosotras. Por lo macabro, por la inmensa soledad a la que tuvo que enfrentarse Rosa, por el olvido que volvería a dejar a otra hermana fuera de nuestra memoria. Por esta razón esta carta va dirigida, primordialmente, a ellas. A las que no están, a las que sobreviven en las sombras del silencio, a las que luchan rompiendo nuestras complicidades de sociedades individualistas y patriarcales, a las que son símbolo-objeto del poder y la explotación, a las hermanas que son botín de guerra, a las que están escondidas en sus casas sin poder contarnos qué sucede, a las chiquitas que no hemos podido escuchar cuando nos dicen que las están violentando. A todas ellas, encarnadas en Rosa Elvira Cely va nuestra primera promesa de ¡Ni una más!
Como entenderán, no nos dirigimos a los violadores porque no consideramos que haya algo que hablar con ellos, pero sí queremos dirigirnos a la sociedad en la que todavía creemos, de la que podemos esperar transformaciones profundas, rupturas necesarias, y una lucha valiente por la vida y la dignidad de las personas. Exigimos que se haga justicia frente a este tipo de atrocidades, y más allá de cárceles, penas y leyes, llamamos a la sociedad a revolucionar nuestros esquemas de pensamientos, prácticas y valores que desde la cotidianidad hasta en las grandes estructuras políticas, culturales, económicas y mediáticas, consagran las violencias como práctica de dominación sobre las y los más vulnerables de la sociedad: mujeres, niñas y niños, ancianos y ancianas, pueblos indígenas y afrodescendientes, jóvenes en los barrios periféricos, diversidad sexual, personas en condición de discapacidad, víctimas del conflicto armado, entre muchas y muchos otros. No aceptamos que se tome el crimen de Rosa Elvira Cely, tanto por los medios como por algunas instituciones con el calificativo de crimen "pasional". Este tipo de adjetivaciones solo contribuyen a generar sospechas sobre la víctima y a tergiversar y a atenuar la atrocidad y la barbarie que se comete contra las mujeres y que no tiene ABSOLUTAMENTE NINGUNA JUSTIFICACIÓN.
Exigimos al Estado que nos garantice la posibilidad de habitar tranquilas nuestras casas, las calles, las escuelas, el trabajo, la ciudad a cualquier hora. Exigimos que nos explique las inconsistencias que encubren la desidia con la que fue atendida Rosa, que explique la ineficacia de la fuerza pública por no atender de forma oportuna al llamado, y nos explique las decisiones de las instituciones de salud que no tomaron en consideración la gravedad del caso. Lo exigimos no solamente por el caso de Rosa, sino porque estamos seguras y seguros que este es el viacrusis de miles de mujeres que tienen que afrontarse con este tipo de comportamientos, e incluso, con la estigmatización que las convierte injustamente en culpables cuando en realidad, son las víctimas. Las mujeres tenemos derecho a una vivir libres de violencias.
Finalmente esta carta también es gratitud. Gratitud a todas y todos los que se unieron a esta iniciativa y que trabajaron llevando adelante iniciativas espontáneas, con el ánimo de resistir al olvido de aquellas que tanto amamos. Gratitud a todas las organizaciones que vienen luchando mucho antes que nosotras y nosotros por acabar con el feminicidio, la discriminación y las violencias contra las mujeres. Gratitud a todas las iniciativas internacionales que se pusieron al frente solidariamente apoyándonos y dándonos la fuerza que nos ha traído aquí el día de hoy. A ellas las llamamos alrededor de un diálogo intercontinental con el fin de que nos hermanemos y combatamos la brutalidad contra nuestras hermanas en todo el mundo.
No queremos irnos sin comprometerlos a todas y a todos a que Rosa se nos quede grabada en las conciencias, en las acciones, en las denuncias. Vamos a comprometernos todos y todas a que se haga cierta nuestra consigna ¡Por el derecho a la vida, ni una Rosa más!...
En tamal 9 de junio de 2.012
