Preludio (#1.527)

     Él (Lavaque) tomó la mano de Bachué y felices caminaron por el campo saludando a las mariposas y colibrís que se enredaban en sus cuerpos, presentándose ante los elementales del agua, de la tierra y del viento.  De una pequeña mochila sacaban sueños que iban colgando en el cuello de todos los seres que conocían y a todos daban sus besos.

     Al llegar la noche los dos esposos buscaron un lugar en el cual todos los elementos de la naturaleza estuvieran presentes y que a la vez fuera iluminado por todos los astros de la noche.  Entonces dedicaron su pensamiento a orarle al Universo, entonaban melodías que los hacían vibrar con destellos de luz dorada.  Luego, dejaron sobre la hierba sus cuerpos y liberaron sus sueños que se fueron a jugar con los sueños de otros seres a mundos infinitos sin tiempo ni lugar.
Tiempo de Cantos, Edilberto Afanador Sastre; CAJIK, Casa Editorial, Cajicá, 2013; p.26

En tamal 19 de abril de 2.014