En la versión de este post, proveniente de la 'redacción política' del periódico colombiano que mejor representa la extirpe del presidente Juan Manuel Santos Calderón ─como quien dice su voz paraoficial─ , al menos de mi parte se interpreta que el alcalde Gustavo Petro Urrego ha sido reintegrado a su cargo por efecto de una justicia legal pero no necesariamente legítima específicamente representada en un amparo judicial denominado tutela; recurso de fácil uso, inclusive popular, para la defensa de derechos fundamentales.
A pie seguido el actual presidente de Colombia insta a considerar y modificar la ley "Si a algunos no les gusta", por ejemplo para limitar los alcances de la engorrosa acción de tutela. Engorrosa en la medida que obliga a tomar decisiones inconvenientes para la mafia politiquera enquistada en el Estado colombiano, haciendo trastabillar componendas como la orquestada en contra de la alcaldía de Bogotá ─sin importarle pasar incluso por encima de la dignidad capitalina, el electorado bogotano, el alcalde Gustavo Petro y la CIDH─ .
Dicha mafia politiquera se encuentra ante un problema de fondo representado en la acción de tutela: esta puede afectar intereses muy poderosos. Y lo más humillante, la tutela, con semejantes alcances, puede ser interpuesta por cualquier ciudadano. Esto como la democracia ─atropellada en Bogotá al punto de golpe de Estado─ es intolerable para una oligarquía omnímoda.
A la gente de las bases es decir al pueblo, a los de abajo: qué bueno fuera hacer valer la tutela en lo que más temprano que tarde será otra intentona de los de arriba por limitarla.
Al pobre Juan Manuel Santos, paupérrimo Juan Manuel ─presidente pelele─ que ahora se vio obligado a tomar una decisión inconveniente para su ambición reeleccionista [ver el tamal Apuestas sucias (#1.511)]: tan astuto como malevo, pretendiendo quedar bien con dios (el pueblo) y el diablo (la oligarquía que él mismo representa).
mAuriciO
En tamal 23 de abril de 2.014