'guerra cultural contra el bloque hegemónico, contra el pensamiento único, contra el capitalismo' : LA NECESIDAD DE VERNOS CON NUESTROS PROPIOS OJOS
Si seguimos creyendo que cultura es la mera expectación de los actos creativos de otro, seguiremos confundidos. Cultura es todo lo que lleve adelante los cambios estructurales de nuestras sociedades, en la construcción del hombre nuevo. Dentro de este cambio cultural, es imprescindible redundar el lenguaje, inventar nombres para lo nuevo en lugar de renombrar, repensar lo conocido.
Difícil eso de dar la batalla cultural, sin ideas. Quizá más importante que la intelectualidad sean las ideas: producir sentido y no status. Las ideas no se producen, se debaten. Lo más importante y hasta lógico es construir un proceso revolucionario a partir de las ideas.
Hay que tener en cuenta que la batalla de las ideas la vamos perdiendo por goleada: como 40 a 0. La hegemonía ideológica sigue siendo total. Está en manos del enemigo, que nos ha impuesto (no a nosotros, a casi todo el mundo) su estilo de vida. El capitalismo y el neoliberalismo no se terminan con esta crisis y mucho menos si no trabajamos en ideas, en proyectos alternativos.
No es de extrañar que la ideología neoliberal siga trabajando, siga alienando a través no solo de los medios de comunicación comerciales, sino también a veces de los medios públicos que no entendieron que se trata, ante todo, de una guerra ideológica, y siguen copiando los modelos y formatos, del enemigo. O sea que mientras la ideología neoliberal sigue trabajando en todos los terrenos y con todos los medios, las formas alternativas de pensamientos, los que profesan (no los que declaman) otras ideologías no hacen su labor.
No hay revolución con bingo, ni socialismo con casino, ni comunismo con garito, ni liberación con ruleta, ni emancipación con traganíqueles, ni igualdad con corrupción, ni solidaridad con acumulación privada, ni ideología con tahúres, ni Hombre Nuevo con nepotismo, ni antiimperialismo con narcotráfico, ni Utopía con crimen organizado.
Para crear una nueva sociedad, la Revolución debe asumir todos los poderes y, sobre todo tocar, cambiar las relaciones sociales de producción, enfrentar a los grupos económicos hegemónicos y no apenas suplantarlos por nuevos grupos. Y, lamentablemente, se han desmantelado o cooptado –por el gobierno, por las instancias partidistas– los movimientos sociales, esos que en América latina representan hoy los propulsores del cambio, quizá, la única izquierda.
El principal problema que tenemos los latinoamericanos es que hemos estado ciegos de nosotros mismos: siempre nos hemos visto con ojos extranjeros. Y lo seguimos haciendo: copiando formas y contenidos. Porque lanzar medios nuevos, medios para repetir el mensaje del enemigo, para seguir siendo reactivos a las agendas informativa y política del enemigo, es ser cómplice del enemigo.
Debiéramos estar transitando en una batalla de ideas, en una guerra cultural. La declamamos, pero no la transitamos. Ni se discutía sobre ideología entre las tantas corrientes de pensamiento de izquierda y/o progresistas –y el pueblo que milita en los batallones, en las bases– que hay en el país y que reclaman a voz en cuello ser partícipes de la discusión.
Debemos comprender que la única forma de ser alternativos al pensamiento neoliberal, al mensaje y a la imagen únicos es creando medios masivos, que puedan dar voz e imagen a todos aquellos que durante más de cinco siglos no la tuvieron.
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