"La paz no es simplemente acabar con la guerra. La paz llegará cuando se respeten los derechos indígenas a la tierra, la cultura y la autodeterminación. No puede haber paz por medio de la destrucción o sumisión de la población indígena."
Las comunidades indígenas de Colombia tienen una larga historia de resistencia popular. En la década de 1.920 las tribus boicotearon colectivamente los impuestos que el gobernador había impuesto a las comunidades indígenas para vivir y trabajar su propia tierra. Desde entonces, se han formado consejos para decidir cómo recuperar el territorio y resistir a la expulsión. Aunque su presencia precedió a la colonización europea, a menudo se trata a los indígenas colombianos como si fueran extranjeros e invasores.
La peor amenza a la que se enfrenta la población indígena de Colombia es la destrucción y desaparición cultural. El 32% de las 102 tribus indígenas de Colombia está en peligro de desaparición. En 18 tribus sólo quedan menos de doscientas personas. Para muchas comunidades una de las formas más importantes de resistencia ha sido el preservar el lenguaje, y los valores y tradiciones culturales.
Hasta hace poco, el sistema educativo colombiano impuesto por el Estado imponía escolarizar en cstellano pero hoy se enseñan las lenguas nativas en las reservas. El pueblo ha conseguido otras victorias desde 1.991 cuando la nueva Constitución reconoció finalmente las diferentes identidades étnicas del pueblo colombiano y sus derechos a preservar su tierra y su cultura. Pero demasiado a menudo se ignoran la Constitución y las leyes en favor de otros intereses, sobre todo, aumentar el control sobre los recursos naturales.
Al no querer esperar más después de veinte años de promesas no cumplidas, las comunidades indígenas de las regiones de Cauca y Valle de Cauca al sudoeste de Colombia se han unido en una plataforma común en defensa de cuatro prioridades: unidad, tierra, cultura y autonomía. En tamal 20 de septiembre de 2.010