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| Imagen en: JorgeLetralia |
Discurso de William Ospina al recibir el Premio Rómulo Gallegos, este domingo 2 de agosto de 2009, en Caracas. Tomado del sitio de la Fundación Centro Lationamericano Rómulo Gallegos.
Creo que es necesario afirmarnos en nuestra memoria indígena milenaria, en la sabiduría de esas lenguas que dialogaron aquí durante miles de años con el territorio, con el clima, con la vegetación, con el cielo. Pero creo que es también necesario afirmarnos en nuestra particular condición de europeos, enriquecida para siempre por todos los aportes de la historia. Y si bien es tarde para decirle a Colón que no desembarque, no es tarde para arrojar una mirada crítica sobre el modo como nuestras sociedades rindieron honores excesivos a su componente europeo, negándose a aceptar el legado de las civilizaciones indígenas y negándose a valorar el complejo, delicado y definitivamente salvador aporte de los hijos de África.
Yo diría que a un latinoamericano se lo reconoce porque su inteligencia europea esté llena de inesperados atajos indígenas, de los caminos oblicuos del pensamiento mágico. En eso tenemos un parentesco con lo más inspirado de la tradición norteamericana. En su relación con la naturaleza habría que decir que Whitman ofició en su espíritu como el último indio de Norteamérica. Que Emily Dickinson, contrariando la lógica de la línea recta y de las verdades que se chocan, nos dejó aquellas sabias palabras:
Dí toda la verdad mas dila al sesgo,
el arte está en decirla oblicuamente.
La poesía cura las heridas que la razón inflige.
Es aquí donde a alguien se le ha ocurrido definir al día con esta imagen:
Un relámpago con hocico de tigre.
Y hay allí una persistencia del mundo mítico indígena que no cabe del todo en el universo mental de Occidente.
En tamal 24 de julio de 2.011
